jueves, 22 de noviembre de 2012

CAPITULO CINCO



Dolores Señaris Calviño autora de este blog, en Caracas de 13 años 1963.
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Hermoso mensaje de reflexión.


Continúa nuestra historia: El viaje fue largo, hacía mucho calor; llegamos a San Carlos y monte adentro a una hora de distancia, llegamos a una bellísima hacienda con una casa espectacular. En la hacienda había dos casas, una grandísima y una pequeña, se comunicaban una con la otra. La casita tenía tres habitaciones, una sala y una cocina grande tipo restaurante, donde se hacía la comida para todos los empleados y peones de la hacienda, papá era el encargado de la comida, era el cocinero y cocinaba para más de 70 personas. Mamá era la encargada de cuidar la casa grande, que siempre estaba vacía, pues la familia venía muy poco, solo en vacaciones.
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Imagen de la casa con piscina muy parecida a la que recuerdo.


Casa muy similar a la antes descrita. 

En la hacienda había un capataz, que era un joven como de 25 años, moreno, alto y fuerte, se llamaba Zolórzano;  nosotros nos hicimos muy amigos y comúnmente conversábamos, paseábamos; él me enseñó a montar a caballo, me enseñó a nadar en la inmensa piscina que tenía la hacienda, pues yo no tenía nada que hacer, ahí no había colegio.  Papá se acostaba a las 7 de la noche y se levantaba a las 5 de la mañana. Mamá, Zolórzano y yo, nos quedábamos en las noches hablando en las mecedoras que se encontraban en el porche. Aquella hacienda tenía muchísimo ganado, gansos, gallinas, caballos y un naranjal. Zolórzano eran muy amigo de mi mamá y mío, siempre comíamos juntos con papá, es decir los cuatro, en la mesa que se encontraba en el porche. En la hacienda había un enorme galpón, un poco alejado de las dos casas, allí era donde vivían todos los peones, yo nunca me acerque a esa zona.
A mi me fascinaba jugar con los gansos, los cuales eran enormes, con un cuello largo y blanco, ya había pasado mes y medio de 1962, llegó la familia a la hacienda, era carnaval. La dueña, mujer como de unos 45 años, muy bonita y elegante, viuda, además tenía una hija de 20 años y un hijo de 22, ambos no le prestaban atención, cada uno hacía su vida con sus respectivos novios y con los amigos que ellos llevaban.
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El corredor donde se podía descansar en las hermosas hamacas.


Imagen alusiva a los corredores de madera machihembrada allí era el área donde había varias hamacas las cuales eran divinas para descansar.

Aquella casa era lujosisima, en la parte de arriba tenía corredores de madera machimbrada y con grandes hamacas guindadas. Las habitaciones eran enormes y estaban decoradas todas de ratán, tenía una terraza techada con bar. Mamá tenía que atender a los dueños de casa y sus acompañantes, ellos cuando visitaban la hacienda llevaban una cocinera de Caracas, que cocinaba rico. Cuando la dueña entró a la casa y me vio, me miró de arriba a abajo, yo tenía el cabello largo, dorado suelto y un bronceado perfecto por el sol que hacía ahí y aquellos ojazos azules. Ella se agachó, me agarró las manos y me dijo “¿Cómo te llamas?” yo la miré y le dije “Me llamo Lolita” y ella respondió “Más tarde sube a mi habitación, que quiero hablar contigo.”
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La bellísima terraza, foto alusiva a la que recuerdo.


Foto alusiva a la terraza donde me encontré con la dueña. 

Al rato subí y me dijo que me sentara en su cama, me preguntó si estaba estudiando, yo le contesté que había hecho hasta quinto grado, ella respondió que hablaba muy bien, que no parecía que fuera la hija de la servidumbre, que parecía la señorita de la casa; esto a mi me gustó. Ella abrió todos los closet de su cuarto y sacó un montón de ropa bellísima que tenía guarda de su hija cuando era de mi edad, me dijo que me la regalaba toda y que bajara y me vistiera con esa ropa y que luego saliera a la terraza, así lo hice, cuando ella me vio así vestida con aquella ropa me dijo “Pareces una princesita y quiero que te quedes aquí a compartir conmigo” Desde ese día, yo siempre la acompañaba a desayunar, almorzar, nos montábamos en un elegante carro con chófer y nos íbamos a la otra hacienda que estaba un poco más lejos. Esta señora siempre estaba sola, sus hijos tenían sus vidas propias y no la tomaban en cuenta. Mamá empezó a ponerse celosa y sentía que me estaba perdiendo, pues siempre yo estaba con la dueña, lo que menos  le gustaba a mi mamá era que si tenía que servirle algo a la dueña, debía también servirme a mí, yo estaba feliz; andaba en un lujoso carro, comía rico, me vestía con ropa elegante, la dueña de la hacienda me regalaba muchas cosas, una vez me regaló unos lentes de sol que me gustaron mucho y siempre fue muy cariñosa conmigo.
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Carro modelo Rois Rois de los años 62 negro.


Foto alusiva al carro de la dueña de la hacienda. 

Pasaron las vacaciones de carnaval y se fueron para Caracas. Mamá al fin me recuperó otra vez, todo volvió a la rutina diaria. Uno de esos fines de semana, un viernes fin de mes, llegaron un montón de camiones a la hacienda a buscar a los peones, era viernes en la tarde, los llevaron para que fueran a San Carlos a disfrutar, y Zolórzano se fue con ellos; regresaron el domingo en la tarde, yo lo estaba esperando, yo veo que todos los peones se bajaron de los camiones y no lograba ver a Zolórzano, tenía ganas de verlo y de hablar con él, pues lo había extrañado mucho. Le pregunto a uno de los chóferes donde estaba él, el chófer me respondió “Está dentro de aquel camión” corrí y abrí la puerta del camión emocionada. Al abrirla, fue tanta mi impresión que me quedé petrificada en el piso, con los ojos muy abiertos, sin poder moverme, ni decir nada. El hombre que estaba sentado en el asiento del camión, no tenía camisa, los pelos los tenía todos revueltos y parados, tenía la cabeza baja y cuando la levantó sus ojos estaban rojos y desorbitados, estaba sin afeitar y se le caía la baba. Era tan grande la borrachera y la resaca que tenía que ni siquiera podía sostener la cabeza, mucho menos bajarse del camión. El miedo se apoderó de mí y el impacto fue tan grande que comencé a correr de un lado para otro llorando; corría y corría por la hacienda, aquella cara me perseguía, todavía han pasado muchos años y cuando yo veo un hombre borracho, me recuerda la cara de Zolórzano, nunca lo olvidaré. Cuando me tranquilicé me fui a dormir, pero no le dije nada de lo sucedido a mamá, a partir de aquel día, nunca más le hablé, no lo miraba lo recordaba y me daba asco y sentía miedo, ya no me sentaba en la mecedora, no quería su amistad. Esto sucede cuando algo te impresiona tan negativamente a esa edad y es tan grande el shock  emocional que jamás lo olvidas, yo nunca había visto a nadie en estas condiciones y para mí fue impactante y su amistad para mi se acabó.
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Dolores Señaris Calviño, autora del blog con 12 años en Caracas.


Dolores Señaris Calviño de 12 años en Caracas 1962. 

Llegó la semana Santa en abril y la familia retornó de nuevo a la hacienda, la dueña me abrazó con mucha alegría, me trajo cuentos para leer, pulseras de fantasía, ropa nueva y le pidió a mi mamá que me mudara para la casa grande, el cuarto asignado era el de huéspedes, que quedaba al lado del de ella, mamá no quería, pero al final lo aceptó. Este cuarto estaba todo decorado en blanco y azul celeste, tenía baño con bañera, alfombra, era un cuarto grandísimo, yo me sentía como si no fuera yo, pero me gustaba, en el fondo me hacía falta mi mamá. Mamá estaba triste porque sentía que me perdía, papá estaba furioso, después de unos días la dueña llamó a mamá y le dijo  que ella quería traerme a Caracas y ponerme en un buen colegio, para que en el futuro fuese a la universidad, ella pagaría toda mi educación. Mamá levantó la voz y le dijo que no, pues yo era su hija y con ella me quedaría, pero la dueña le respondió que de todas maneras me llevaría. Mamá le cuenta esto a papá y les da miedo que me robe, papá decidió irse una noche desde la hacienda hasta San Carlos, caminando por el monte a buscar un carro para irnos de esa hacienda, ya que la señora había dado orden a los que trabaja en la hacienda y a los camioneros que no nos llevaran. Papá retorno a las 5 de la mañana con un carro taxi. Mamá y yo no dormimos y teníamos todo listo. Esa madrugada nos fuimos sin cobrar y sin avisar de aquella hacienda donde la dueña se quería quedar conmigo. Yo pienso que no era mi destino, pues si me hubiese quedado allí, no hubiera vivido todo lo que viví después, no se si seria mejor o peor; pienso que uno viene con una misión y tiene que cumplirla y la mía era seguir a mis padres, pues por algo desde otras vidas los escogí para que lo fueran mis papas.
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La ciudad de San Carlos es la capital del estado Cojedes en Venezuela y del Municipio San Carlos. 

Fue fundada el 1 de marzo del año 1678 con el nombre de San Carlos de Austria.


Antigua redoma de Ziruma, conocida en la actualidad como; Redoma del mango.


San Carlos de Austria y sus techos rojos en Venezuela. 


La ciudad de San Carlos es la capital del estado Cojedes en Venezuela y del Municipio San Carlos. 
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Llegamos otra vez a Caracas a la pensión donde papa y mama tenían la habitación alquilada, que se encontraba en La parroquia La Candelaria en Caracas, yo ahora sentía que no pertenecía allí y empecé a pensar  que si no quería tener esa vida tenía que estudiar y prepararme, pues aquella experiencia de haber vivido en aquella casa tan bonita y con unas personas con otro estilo de vida; eso era lo que a mi me gustaba, si lo quería tendría que luchar por ello, no sabía cómo lo aria, pero yo algún día tendría una casa parecida a esa, tendría un carro y todo lo que pude haber tenido si me quedaba en aquella casa como quería aquella señora. Me miré en el espejo con aquella ropa tan linda y por primera vez, me di cuenta que era una jovencita con 12 años, con cuerpo de mujer, me había desarrollado a los 11 años; tenía un cuerpo bien formado, mi pelo se puso más oscuro, lo tenia mas corto, me vi tan bonita y pensé “Tu no cuadras en este lugar” empecé a darme cuenta que no me gustaba nada como hablaban todos en aquella pensión, como se comportaban, no me gustaba vivir allí, pero era mi vida.

Mamá me inscribió de nuevo en el colegio y en las tardes me puso a estudiar en una academia de diseño de corte y costura, ya yo me comportaba de otra manera, me gustaba vestirme muy bien y combinar la ropa que tenía; ya me sentía dueña de mi vida. Una tarde que me sentía de esa forma decidí afeitarme las piernas y depilarme las cejas, me compré unas medias pantis color carne, fui a una zapatería donde conocían a mi mamá y le dije al dueño que me vendiera unos zapatos con un poco de tacón, que mamá luego se los pagaría. Me puse una falda plisada azul marino, un suéter pegadito estampado, me peine y me pinté los labios por primera vez de rosadito, cuando estaba lista me miré al espejo y la imagen que vi me encantó, me miré muchas veces para reconocerme y pensé que a partir de allí sería así, impecable y bella. Salí por el patio hacia la calle y la gente que vivía allí me miraban extrañados, pues una hora antes había llegado del colegio una niñita y la que estaba saliendo era una jovencita muy bien arreglada, fue tanto así que cuando llegué a la puerta de la calle allí estaba un amigo del grupo, que lo llamábamos el catire, que tenía 18 años y nunca quería bailar conmigo por niñita, esta vez, se me quedó viendo con la boca abierta, me agarró la mano, se arrodilló riéndose y me dijo “¿La puedo acompañar princesa?” y yo le dije “¡NO!” Cuando llegué a la academia que se llamaba Gilmar, no me reconocían.
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Dolores Señaris Calviño con 13 años en Caracas 1962.


Así quedé después de arreglarme, tenía 13 años 1963. 

Bueno viendome en el espejo pensé y ahora faltaba lo que diría mamá, cuando llegué a las 7 de la noche a la casa, cuando llegó  mamá me miraba asombrada y furiosa me dijo “¿De donde sacaste esas medias y esos zapatos de tacón?” y cuando se dio cuenta que me había afeitado las piernas, me levantó la falda y me dio tremendas nalgadas, me agarró por el pelo y me dijo “Vas a devolver eso zapatos a la zapatería, ¿Cómo puedes ser tan inventora?” Llorando le dije “Mamá no me hagas esto” pero ella a rastras me llevó a la zapatería, que quedaba en un local en la misma casa, el dueño de la zapatería se reía. “Devuélvele los zapatos, porque yo no te di permiso para que vinieras a buscarlos” eso dijo mi mamá y regresé descalza delante de todo el mundo, subí las escaleras ¡Yo estaba tan avergonzada! Tenía tanta rabia y estaba tan furiosa que no razonaba y por primera vez le dije a mi mamá “Déjame sola, quiero hacer mi propia vida, no me gusta vivir aquí, ni como te trata papá, ni como eres tu. Quiero estar sola” y sin saber lo que decía le grité “Ojala que te murieras” Yo no sentía eso, pero la rabia hace decir a uno palabras que uno no siente. ¡Estas palabras me persiguieron por años! Pues cuando mamá falleció, mi mayor dolor era que yo se lo había gritado, cuando no era verdad. ¿Cómo iba yo a vivir sin ella? Y tuve mis propias consecuencias, fue un decretó, yo lo decreté. Pasó y tuve que seguir la vida y aprender a vivir sin ella, pero esas palabras retumbaron en mis oídos por años; hasta el día en que uno de mis hijos me lo dijo a mí y comprendí el gran dolor que sintió mi madre, cuando yo se lo grité. Cuando me calmé, me di cuenta de la barbaridad que había dicho, aunque en ese momento yo no sabía que las palabras eran un decreto, muchos años mas tarde cuando investigué sobre el universo, me di cuenta que yo decreté la muerte de mi mamá, sin saber que eso podía suceder, pero sucedió un poco más adelante de esta historia.
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Fotografías de los pasaportes de papá y mamá.


Fotos de papá y mamá de los pasaportes Carmen Calviño Gontan, y Jesús Señaris Lens. 

En la habitación donde vivíamos, la ventana daba al patio de la casa que era muy grande, el piso era de baldosas Italianas, había una gran baranda que daba a la calle Peligro  A Pele El Ojo. La terraza tenía una alambrada por encima y estaba toda cubierta por una planta que era una parra de uvas, debajo de la parra habían dos mesas con sillas, como era un área común, los hombres que vivían en esta casa jugaban dominó incluyendo a mi papá. Todos vivíamos en la misma edificación de tres pisos, pero de la puerta de cada uno hacia dentro cada familia tenía su privacidad y solo se compartía las áreas comunes. Una de estas áreas era el patio de entrada y la terraza en la parte de arriba; éramos varios jóvenes la mayoría mayor de 18 años y yo era la única que tenía 12 y 13, hicimos un grupo y los fines de semana nos reuníamos en la terraza. Los muchachos compraban ron y Coca Cola, las muchachas galletas y sándwiches, poníamos el tocadiscos y a bailar. Éramos diez en total y uno de ellos era el catire, como tenía 18 años, nunca quería bailar conmigo, dos de las muchachas eran hermanas, una se llamaba Elsa y la otra se llamaba Pacita, hijas de un matrimonio que vivían al lado de nosotros y compartíamos mucho. A mi me encantaba estar con el grupo y bailar, en ese grupo había un hombre soltero de 32 años, era amiguisimo de mis padres y de todos nosotros, le gustaba bailar mucho y era muy divertido, se llamaba Luis, siempre bailaba conmigo porque nadie quería bailar con él. A veces me acariciaba la cabeza con la mano y me trataba como una niñita, a mi me daba mucha rabia. ¡El catire tampoco quería bailar conmigo!
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Distintas fotografías del grupo en el patio y en la terraza..


En la fotografía de arriba con una amiguita, mi persona Dolores con Elsa, y con Pacita, en la terraza. fotografía de  abajo parte del grupo en el patio, a mi lado el catire. 

En esa casas los días 24 y 31 de Diciembre todas las familias que vivíamos allí preparaban su cena y comían en familia, pero todos en conjunto poníamos para decorar el patio de entrada de la casa, el comedor y se ponían mesas, se alquilaba una miniteca y a las 2 de la madrugada,bajábamos al patio todos estrenando nuestras pintas y nos dábamos el feliz año y amanecíamos bailando, muchas veces hasta las 9 de la mañana del día siguiente. El patio era enorme,  cabían como 150 personas y bailábamos unos con otros ¡Era muy divertido! Además que todos nos conocíamos.
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El grupo de mis amigas con sus papas, celebrando un cumpleaños.

Fotografía de las chicas del grupo con sus papás, y mi persona Dolores la de camisa blanca y la más jovencita.

Yo seguía en la academia de corte y costura y en el colegio, en contra de la voluntad de mi papá porque él quería que yo trabajara, ya que él estaba enfermo y mi mamá quería que terminara mi curso, el cual duraba un año y medio osea 18 meses, ella trabajaba en diferentes lugares para comprar las medicinas y mantener la casa. Después del cambio físico que ya relate anteriormente, cuando nos reunimos en la terraza, ya no era la niñita, sino la jovencita; así, que cada uno se empató con una chica y yo no tenía novio y siempre me tocaba bailar con Luis. Él era bien parecido, alegre, moreno, de estatura no muy alto, pero era simpatiquísimo; yo lo quería muchísimo y los domingos se la pasaba jugando dominó con mi papá.


No poseo fotos de Luis, solo existe esta en la que sale de lado y es el de la chaqueta beige y se encontraba en el entierro de mi mamá.

Papá estaba muy enfermo y nuestra casa parecía una farmacia, sin embargo tuvo una mejoría grande y consiguió un trabajo en un restaurante y trabajaba de noche en las torres del Silencio y casi nunca venía a dormir. Mamá y él nunca se llevaron muy bien, uno de esos días, presencié una fuerte discusión de él y mamá. Mamá me quería comprar un vestido y unos zapatos nuevos, pero no lograban ponerse de acuerdo; no sé qué pasó, papá perdió la cordura y le dio un puñetazo a mamá en el ojo, yo lo vi y furiosa me abalancé sobre papá y lo agarré por la pechera y le dije mirándolo a los ojos “Si vuelves a tocar a mi mamá ¡Te mato!” papá sorprendido me miró fijamente y bajo los puños, dio media vuelta, se fue y no volvió como en 3 días. Mamá lloró mucho, tenia el ojo morado y le daba pena con los vecinos, en esos días que estaba tan triste, fue cuando me relató parte de su pasado. Mi mamá vivía en permanente comunicación con su papa mi abuelo a través de las cartas que se escribían, donde ella recibía información sobre mi hermanito y le enviaron unas fotos, las cuales no dejaba de mirar; pues ya habían pasado cuatro años y debido a tantos problemas no había podido traerlo y esto era una de sus más grandes tristezas que ella tenia.
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Dos fotografías de mi hermano José Señaris Calviño.


 Mi hermano José Señaris Calviño en España del lado izquierdo 10 años 1963 y del derecho 8 años 1961. 

Mi papá se fue poniendo peor, casi no nos hablaba, no nos ayudaba en nada; nosotros aquí en Venezuela, teníamos unos tíos de apellido Gontan Calviño, ellos vivían en Carmelitas y eran los padres de mi primo Pepe y Manolo Gontan Calviño, Manolo casado con Josefa y Pepe soltero; algunas veces nos reuníamos y compartíamos. Teníamos otro tío de apellido Nieto, padre de Manolo, Carmen y Manola Nieto Calviño, también estaba mi primo José Calviño Santos, hijo de un hermano de mi abuelo que eran de mi pueblo Erviñou y él trabajaba en una prestigiosa cafetería, donde vendían churros y chocolates. Tanto José como Manolo, murieron muy jóvenes, Manolo hizo un viaje de vacaciones a España a visitar a su familia, ellos estaban construyendo una casa y se montaron en el techo y estaban cortando las tejas con una Barburadora (Máquina eléctrica de cortar tejas y hierro) y en una de esas se rompió el disco de la máquina y le saltó al cuello a mi primo cortandole la Aorta este accidente pasó en el año 1969, 5 años después de mi mamá.  Al llegar la noticia, fue horrible ver llorar a mis tíos desconsoladamente, mis tíos eran viejitos y yo pienso que nunca se recuperaron de ese dolor, aunque les quedaba una hija casada en España  mi prima Maruja Gontan Calviño y Pepe soltero que tenía como 16 años, Pepe era muy bien parecido catire de ojos azules como todos los Calviño, él era introvertido y no socializaba mucho con nadie. Hoy en día es todo lo contrario se casó con una excelente mujer, que yo considero mi prima más querida, ella se llama Fina Calvo; ellos tienen una hermosa familia y siempre compartimos los 24 de Diciembre.

Mi primo Pepe Calviño, cumple años el mismo día que mi hijo Isidro José Montoto Señaris, el 5 de Febrero y desde que Isidro partió al cielo siempre lo pasamos en familia. Al vernos juntos por nuestras facciones se sabe que somos Calviño; A mi primo José Calviño Santos, al que le decíamos "Che" le detectaron un tumor cerebral en Caracas, él y su esposa se fueron a España, pues el diagnóstico no era bueno, se por noticias que me llegaron que luego quedó ciego, luego paralítico y murió poco después, dejando a su esposa y a sus dos hijas Chelo y Lola a sus padres y hermanos consternados por lo joven que había muerto, Yo lo quería mucho pues con él compartí momentos en Venezuela, agradables, y más tarde  muy tristes, pues el me acompañó cuando murió mi mamá y su cara jamás la olvidaré; prueba de ello, cuando viajé a España en 1975,  fui a buscar a mi hermano a un restaurante en la Coruña, llamado las 7 puertas; al entrar y mirar hacia el mostrador los dueños eran sus tres hermanos y los reconocí por el gran parecido que tienen todos los Calviño, lo mismo le pasó a ellos, cuando yo entré, al verme sin saber exclamaron “Tu eres Lolita” y así lo recuerdo y sé que cuando me toque partir, nos encontraremos en la eternidad y allí estaremos también todos los Calviño que ya partieron.  
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Fotografía y vídeo de nuestro hermoso Santo Ángel en el estado Bolívar en Venezuela.



Este espacio natural protegido, establecido como parque nacional el 12 de Junio de 1962 y declarado  Patrimonio de la Humanidad  por la  Unesco en  1994, se extiende sobre un área de más de 30.000 km² (similar a la extensión territorial de Bélgica), hasta las fronteras con Guyana y Brasil, por su tamaño es uno de los más extensos y alto del mundo.




Vídeo de lo hermoso que es el Santo Ángel, es uno de los lugares más hermosos del mundo.
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Dolores Señaris Calviño autora del blog.


Dolores Señaris Calviño en Caracas con 21 años 1971.
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Nota: para saber más de todo lo que realizamos en Internet, aquí tienen los Link de cada una de las páginas solo haz clic en cada una de ellas y aparecerá la información. Se reservan los derechos de autor. Gracias por seguirnos.
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4 comentarios:

  1. Hola, a todos los seguidores de este blogs, yo su autora quiero darles las gracias por tanto alago y expresiones de cariño, quiero decirles que gracias a ustedes, en tan solo unos cuantos capítulos hemos sobrepasado, mil quinientas entradas de muchas partes del mundo, pero lo que mas me sorprendió es que me están siguiendo de ese pueblo que narro en la historia, ya llego la tecnología allí y eso me encanto. Gracias de nuevo y reciban un abrazo que esta historia los una en todo el mundo. Dolores Señaris Calviño desde Venezuela.

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  2. De nuevo seguí la historia de Loly y la forma de como está expresada nos deja entrever que es muy real y la cuenta como si la estuviera viviendo en este momento. Queda nuevamente la expectativa de ¿ Qué será lo que viene en el próximo capitulo ? Se perfila una gran obra. Suerte Loly y adelante.

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    1. "me di cuenta que yo decreté la muerte de mi mamá, sin saber que eso podía suceder, pero sucedió".
      Mira Loly, y disculpas por el atrevimiento, pero como veo que todos te llaman Loly. Entiendo que te sintieses culpable por haber dicho esas palabras, y que te haya perseguido tu conciencia muchos años, o quizás te persiga toda la vida, pero para nada has decretado su muerte, no sé si es el destino, si hay un ser superior llamado Dios, Ra o Mahoma Etc. Pero desde luego no puedes pensar que tú decretaste su muerte. Una vez enfadada dijiste esas palabras. Y ¿cuántas veces has suplicado a Dios que ayudase a tu familia? o ¿que ayudase a tu mama en su enfermedad? supongo que miles, si hay un ser superior, que nos han definido como bueno y justo, no creo que hiciese algo tan injusto, si lo sabe todo de nosotros. ¿Cómo no iba a saber que tú realmente no deseabas su muerte?
      Y o a tu historia no sé si llamarla “Rebelde con causa”. Un poco rebeldilla si has sido, dicho sin acritud.

      Fdo. Google, para que se porte bien

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  3. No podía faltar y acorde con lo narrado en el capítulo, el video sobre una de las maravillas del mundo "El Salto Angel" y sus alrededores. Esto confirma aún mas el sentir Venezolanista de la autora que como inmigrante se siente agradecida con aquellos que la acobijaron en sus primeros momentos de vida en Caracas, saludos y gracias aquellos que se fueron y a los que aún viven. A ti Loly, adelante con tu libro y mucha suerte.

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